AGAINST THE LOW.
Treinta años son muchos años en la historia. Cuando era adolescente no me daba cuanta de cuantos eran. Será por que es la edad la tengo ahorra. Cuando uno mira una foto ó un película de los setentas, parece el pasado más remoto. Otra época. Otro momento de la historia.Con solo pensar que nadie en su casa tenía una computadora personal, ni mucho menos un fax, y mi que hablar de algo llamado Internet que permite una comunicación directa con cualquier parte del mundo.
Hoy es domingo en Londres y me acuerdo de los domingos de los ochentas, cuando una vez muy cada tanto y por solo tres minutos, mi papa al medio día llamaba a la operadora y a eso de los ocho de la noche, la operadora avisaba que estaba lista la comunicación y todo la familia hablaba por tres minutos con mi tía Bruna de Nueva York. Papá. Mamá, la nona y por ultimo yo.
Pensar que en esa época cualquier pelandron podía fumar en un avión, en un tren, en el baño y la oficina mientras trabaja y tomaba un moderno café expreso. Hoy en este país, como en Uruguay y Argentina, fumar es “Contra de ley”. Estas contra la reina y el parlamento, tan solo por prender un cigarrillo en la puerta de la oficina, en un restaurante o “in enything public place in this kingdom”. Solo por hacer lo que 25 años atrás hacían las embarazadas, sin que a nadie se le pusieran los pelos de punto.
La gente, por lo menos la gente joven, disfrutaba del sexo, un poco mas acá en Europa, siempre mas liberales que en la conservadora Sudamérica. Pero nuestros padres, incluso hermanos mayores, con solo su sonrisa podían estar en la cama con alguna señorita. Hoy eso es casi un suicidio, en Europa si venís del tercer mundo, sos un virus caminado, antes de tocarte te piden los análisis. En los lejanos setenta usar preservativos era tema de marineros, y de marinos de Querelle. Hoy coger, que es conocerse, entenderse, es sinónimo de muerte. Desde la secundaria nos vende que si coger con extraños, no es que vas al infierno, directamente te morís. Para coger hay que tener papeles. Es así, vida se toca la cola con la muerte.
En los setentas, un tipo se levantaba, desayunaba con su familia, tomaba el colectivo ó si tenía un mango más en su auto, iba hasta su trabaja, entra colgaba la ropa en el perchero se sentaba y recién ahí comenzaba su trabajo. No había celulares que te encuentran en cualquier lugar y a cualquier hora, para que trabajes hasta dormido. Hace tan solo treinta años, un tipo salía de la casa y hasta que no llegaba a su trabajo no había manera de localizarlo. Para bien ó para mal.
La primera semana de estar en Londres, vi a Ken Rusell. El director ingles de películas como Tommy, Ghotic, Los demonios de Loudon, Listzomania, y un largo etc.
Estuve sentado a dos espacios en un mismo banco. Al verlo me di cuenta de que realmente es alguien que esta de vuelta de la vida. Tiene como ochenta años y estaba con una mina de cuarenta más ó menos. Eso a esa edad es cono salir con una de dieciocho. Estaba vestido de traje gris, camisa bordo, un collar con un rubí de acrílico en forma de corazón, medias grises y franciscanas de plástico con abrojos y en la mano tenía una bolsa de plástico arrugada, con quien lleva algo no muy importante. El pelo blanco, la cara roja como una remolacha y muy panzón. Un par de personas se acercaban y lo saludaban. Un emblema de la rebeldía en el cine. Un señor panzón que dirigió las películas más bizarras del cine ingles del setenta. Ahí estaba sentadito con la bolsita en la mano.
En mi adolescencia, cuando empecé a interesarme por el cine y le sacaba a mi papa sus papeles viejos de “Cine Club” y leía una nota sobre Passolini, Stanley Kubrik o Ken Rusell. La mayoría de sus películas eran “inéditas en el país” .Eso significaba que alguien o algo. Había decidido que las personas no podían ver esas películas. Eso también eran los setentas en nuestro país. Esta solo en el aspecto cultural, por que político es todo otro tema.
Estas ideas de las pequeñas libertades que cambiaron en los últimos treinta años, me están dando vueltas en la cabeza desde que vi “Zodiac”. Que a mi entender es una película que en uno de sus canales habla de estas cosas. Además de contar la historia de un dibujante obsesionado con un asesino, precisamente en los setentas.
Esto lo escribo no pensando que el pasado fue mejor. No escribo esto pensando que esa época era mejor. Una época donde por lo menos existía otro sistema, sin economía de mercado. Solo es que cuando veo a esa gente peluda, con patillas y bigotes, fumando, cogiendo, tomando café, con problemas de corazón y con una tecnología caduca. Me doy cuenta que vivimos en un mundo realmente distinto.
Ni mejor, ni peor.
Simplemente distinto.
viernes, 17 de agosto de 2007
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